Ser Guayaquileño


guayaquil-activo

Ser Guayaquileño…

Es tener la profunda convicción de ser mucho más que los demás.

El Guayaquileño posee un espíritu frontal, generoso y altivo.

Puede sacrificarse por el otro y da de sí mismo con desprendimiento inusitado.

Un individuo para quién su existencia es un juego y su destino una aventura.

Es un ser que disfruta de la vida mientras se ríe de la muerte.

Un hombre que con su esfuerzo labra su camino.

Generoso por naturaleza, abre sus brazos para recibir a quién se quiera cobijar en su regazo.

Ama la libertad de hacer lo que le da la gana.

Adora su comida criolla; hace de cualquier día una pachanga.

Fanático del deporte; el fútbol divide su pasión.

Deja de comer, pero se va al estadio.

Un Clásico enciende su corazón.  Cuando se encuentra en la Sur Oscura o la Boca del Pozo, se trasforma en un insulto colectivo que condena en cada instante.

Su impostergable reunión con la gallada, le da la identidad de grupo en la que se pierde.

Su valentía radica en la fuerza que le proporciona su identificación con los demás.

Es un individuo que necesita compartir su vida.

Amante ocasional de pocas horas, elogia la belleza de sus mujeres y con el piropo improvisado que le salga, trata de pescar a la que pueda.

Es novelero por naturaleza.

Todo lo que sea nuevo lo seduce; todo lo que le embelesa, lo estimula.

Fácil de reír; fácil de sufrir.

Es un informal de nacimiento.

No le gusta ser solemne, ni seguir los protocolos.

Le entusiasma ir de prisa para conseguir las cosas sin mayor esfuerzo.

Le gusta la música y sobretodo la que le habla de su vida y sus tragedias.

Una buena guitarreada donde los lagarteros, es un complemento infaltable que junto a varias jabas de cerveza consumidas, lo vuelven cantante y súper macho.

Es impuntual por naturaleza. Llega atrasado hasta su propio entierro. Ha inaugurado la hora Guayaquileña, que es una hora más tarde de la que debió comenzar.

Siempre tiene una excusa que justifica su tardanza.

Ahorita nos vemos es una sentencia natural, que pone en evidencia su constante jugarreta.

El Guayaquileño no es buen pagador. Se endeuda con facilidad y paga con dificultad.

Es religioso de última instancia y cree en Dios, cuando las cosas ya no tienen más remedio.

Promete cambios radicales en su vida, cuando está perdiendo algo.

Las mandas o los arrepentimientos, estarán siempre presentes a la hora de una enfermedad de un ser querido.

Hace dieta todos los primeros días de cada año.

Jura y rejura que no fumará y dejará de chupar.

Es buenísimo para ir a un velorio. El fallecido será mucho más o menos querido, por la categoría apoteósica de su entierro. Que si estuvo fulano o si viste a fulana, son comentarios básicos del velorio al que se vaya.

El Guayaquileño es en exceso fetichista. Que la virgen de los necesitados o el patrón de los pobres o la madre de las dificultades, son sub cultos a los que se aferra para sobrellevar su infortunio.

Se somete con facilidad a íconos a los que obedece.

Seguir lo que dice un ”man arrecho”, es más fácil que reflexionar por las palabras sabias de un estudioso.

Es fácilmente impactable emocionalmente. Se lo puede controlar con facilidad.

Su pensamiento es emotivo; es muy manipulable a lo que impacte su atención.

Sus argumentos son cambiantes. Razona superficialmente sin mucho pensar.

Es capaz de sufragar por quién más le guste, que por quién más le convenga.

Se siente parte de quién represente más las frustraciones que mantiene.

Así por ejemplo, si alguien dice que castigará a los ricos; como él no puede castigarlos, se sentirá representado por quien se lo prometa hacerlo.

Es altamente manipulable por quien capitalice sus resentimientos.

Es alegre y bullanguero.

Es como somos y seguiremos siendo para siempre.

Nuestro Futuro


MPF

Las situaciones que acontecen en la Patria no hay que tomarlas a la ligera.

No es cuestión de entender a la democracia como la pesada obligación de tener que concurrir a votar en las elecciones.

Peor se puede concebir el sufragio como un acto democrático, si la transparencia electoral está cuestionada por la parcialidad que ha tenido el organismo cada vez que ha condescendido a cualquier pedido o circunstancia que perjudique al Ejecutivo.

Es por eso que debemos tener conciencia de los acontecimientos políticos que están sucediendo.

Del pleno conocimiento de ellos y su análisis, vendrá la consecuencia y lo que sucederá en nuestro futuro.

Vivimos una crisis económica innegable.

Sería de retardados mentales aceptar que después de diez años de gobierno, aceptemos todavía que le echen la culpa de la misma a los que anteriormente nos gobernaron.

Por mal manejo, despilfarro, corrupción o lo que sea, la realidad es que la crisis se ha dado en esta última década y estamos padeciendo sus consecuencias.

Para algunos analistas, este gobierno recibió casi tres cientos mil millones de dólares en ingresos en este tiempo (Más que todos los anteriores gobiernos juntos).

La pregunta lógica será: ¿En dónde está tanto dinero?

No es razonable que 3000 millones de dólares que sería lo que le costaría al gobierno la reconstrucción de los bienes afectados por el terremoto, hagan patalear a un gobierno que recibió trescientos mil millones de dólares y debería tener un fondo de contingencia.

Una cifra tan insignificante como la que hay que gastar, para la gran cantidad de dinero que se recibió, hace un sinsentido el que nos carguen de impuestos para reconstruir lo que estaba asegurado.

Lo que quieren es endosarnos el déficit existente de la proforma presupuestaria general del estado.

No es creíble que se diga que todo está invertido en salud, educación y carreteras, si todo el sistema es deficitario y adolece de las mismas viejas fallas de siempre.

Lo segundo que debemos analizar es la crisis política que estamos viviendo.

Por un lado están los superhombres del gobierno. Solo ellos saben lo que necesitamos.

Es tal su vanidad y prepotencia, que se dan el lujo de cínicamente reírse en cualquier debate público con cualquiera que se les presente de la oposición.

Su arrogancia y desfachatez para satanizar o burlarse de quién no sea de su partido, los transforma en politicuchos detestables que imponen su voluntad por el transitorio poder que tienen.

Han engordado desaforadamente la institucionalidad del Estado.

Han legislado para sus propios intereses en todos los campos que se puedan imaginar.

No han tenido transparencia en el manejo de las finanzas públicas.

Han hecho un abuso sistemático de lo que la mayoría legislativa les ha permitido.

Han hecho lo que han querido.

Han aprobado todas las leyes que les ha convenido.

Han incrementado su poder burocrático como más lo han podido.

Por otro lado los llamados partidos políticos tradicionales solo son maquinarias electorales que se arman para una nueva posibilidad de captar el poder.

Lo que realmente mueve a los políticos es el dinero que se recibe por participar en la contienda electoral.

Es la oportunidad de pedir contribuciones a cambio de favorecer a aportantes cuando se obtenga el poder.

Son los tiempos falsos donde los enemigos son los mejores amigos.

Son los momentos de las fotos, donde las alianzas y comparsas, pueden más que todos los agravios anteriores.

Así vemos en la prensa a los archi enemigos abrasados.

Vemos a los Iscariotes como los patriotas más leales.

En una jungla donde todo es posible, todos se mezclan con todos.

Es por eso que no debemos caer en creer las mismas mentiras.

Conocemos muy bien a todos y sabemos que esperar de ellos.

Cada uno ya ha demostrado sus capacidades y sus limitaciones. La política es su forma de vida. Es su herramienta de trabajo. Es lo que les permite enriquecerse a través del manejo del poder. Ese es el meollo del asunto.

Los cargos de libre elección son mal pagados. Nadie que sea pensante se va a arriesgar a que lo desprestigien por tan poco sueldo. Si la gente se mete a sufrir en esta “sacrificada carrera”, es por los beneficios que se pueden obtener del uso, mal uso o el abuso del poder.

Albert Einstein dijo:

Si quieres resolver un problema y aplicas la misma solución que no te lo resuelve; mientras sigas aplicando la misma solución para resolverlo, no lo resolverás.

Es por eso que yo insisto en que ahora debemos buscar a un ciudadano que no sea político.

Un librepensador que solo esté sometido a su conciencia.

Alguien que no vea al uso del poder como una forma de asegurarse económicamente el resto de su vida.

Un ecuatoriano honesto y trasparente que piense en función de los demás.

Alguien que se reúna con los más capacitados para enfrentar la resucitación del insepulto cadáver de la Patria que nos han dejado.

Un patriota que nos señale sin pasiones y castigue a quienes depredaron del dinero de los ecuatorianos.

Alguien que sea como tú o como cualquiera que no sea un político…

La vida es un suceso de pasión


 

mp

La vida es un acto de conciencia que se llena de inteligencia y pasión.

Escribir es un acto de pasión.

Solo escribo lo que deseo escribir.

Una vez que lo comienzo, la realidad se transforma en un remolino de nuevos razonamientos que explosionan en un despeñadero de inconmensurables ideas.

Los incontenibles raciocinios eclosionan con su vida propia sin poderlos controlar.

En la liberalidad de lo pensado radica su poder.

Una vez conformado lo que se pretende, aparece la destreza que se tenga para lograr lo que se quiere.

Pintar es parecido a escribir.

Algunos creen que es una afición.

Ignorantemente lo afirman por desconocer que pintar no es un pasatiempo que da tranquilidad.

Es algo tan intenso que a mí me convulsiona; me quita el sueño, me domina.

Es una obsesión que domina mí razón.

Es un desasosiego que se adueña de mí percibir.

Un conflicto entre lo que quiero y lo que trato de plasmar.

Una desigual batalla contra uno mismo.

Un enfrentamiento de la realidad con una irrealidad forjada con las introspecciones más inverosímiles que se puedan ocurrir.

Son intensos momentos donde se pierde el control del existir.

Son pasiones cundidas de pensamientos y arrebatos.

La pintura controla mí vida.

Lo plasmado se me impone como un tirano que me obliga a pintar hasta desfallecer.

Lucho en una guerra donde la paz solo se logra bajo el sosiego calmo del cuadro terminado.

No es la satisfacción lograda lo que me relaja.

Lo que me aquieta es el extenuante cansancio de no poder hacer más de lo que ya se ha hecho.

Solo se puede vivir, escribir y pintar con pasión.

No concibo nada sin intensidad.

La existencia es una suma de pasiones que se hacen recuerdos después que se vivieron.

No hay nada que la pasión no pueda mejorar.

Mis hijas y sus hijos son mi pasión.

El amor hacia lo que deviene de mi propia sangre, no puede ser tomado como un hecho sereno.

Habrá egoístas que no sientan pasión por su familia.

Hay quienes piensen que mientras menos se involucren; es mejor.

Son mezquinos a quienes la vida los castigará por su falta de compromiso con lo que constituye la prolongación de su existencia en el devenir del tiempo.

En nuestra descendencia radica nuestra continuidad.

Los que vienen de nosotros son la prueba tangible de nuestra perpetuación física en el incomprensible milagro del vivir.

La existencia no es un hecho deducible que se deba tomar con serenidad.

La vida es un acto de pasión.

Cuando el dolor de una madre se interrumpe por el llanto de su hijo, se evidencia la intensidad con la que se vivirán todos los actos de nuestro propio camino.

La vida es un suceso de nuestra conciencia.

Es un proceso imbuido de pasión.

Vivamos cada instante como si fuera nuestro último instante.

Nunca me sentí más vivo que cuando estuve cerca de morir.

Hay seres más contemplativos frente a la existencia.

Son los que esperan que se les den las cosas.

Conformistas que piensan que las cosas suceden por sí solas.

Para que las cosas sucedan; tenemos que hacerlas suceder.

Con pasión se consigue todo.

Los imposibles son posibles si los hacemos posibles.

Lo inaudito pasará si lo deseamos.

Cualquier cosa que puedas imaginarte es real.

Lo que tiene que suceder; sucederá…

Todo está contemplado en la velocidad del vivir.

mp1

A %d blogueros les gusta esto: