El informe de Lenín


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Fue aceptable en su forma.

Lo hiso quién aparentemente ha dejado de ser parte de una caduca tendencia política y ahora piensa en el país.

Una cosa quedó clara; de ninguna manera el actual presidente es el obediente lacayo del anterior.

Divulgó la situación real del Ecuador y responsabilizó del actual caos al gobierno pasado.

Dijo que la anárquica realidad había sido tan tecnológicamente falseada, divulgada, encuestada y proyectada, que se podría pensar que fue fraguada deliberadamente para que su gobierno fracase.

Habló de su lucha contra la corrupción.

Lo que dijo no puede quedarse en líricas aspiraciones, sino que debe acompañarse de la iniciativa gubernamental para meter presos a los ladrones y lograr la devolución de lo robado a través de la incautación de sus bienes o la repatriación del dinero que hoy permanece durmiendo plácidamente en las cuentas chuecas que tienen los malandros en sus paraísos fiscales.

Que existan cinco o algo más de presos por el delito de asociación ilícita y no sean juzgados por cargos penales mayores como lavado de activos y peculado, es una tibia y contemplativa postura para luchar contra quienes nos esquilmaron y se enriquecieron gracias al mal uso de nuestros recursos.

El gobierno tiene que propiciar las denuncias e iniciar los juicios contra los rateros involucrados.

Saber que no funcionan ninguna de las centrales que fueron construidas con sobreprecio, no significa nada mientras no sepamos los nombres de quiénes lo permitieron y se enriquecieron por ello.

Nos han robado veinte y cinco mil millones de dólares.

Estos depredadores de los recursos patrios tienen que pudrirse en la cárcel.

El gobierno debe ser el principal acusador para lograr que los cacos nos devuelvan lo robado.

Lo que quedó como herencia de la década de un país trasquilado, es una gangrena descompuesta y mal oliente que derrama una hedionda pus desde cualquier lugar por donde se la pueda tocar.

En la lucha contra la corrupción el informe fue bueno, pero incompleto.

El tratar de recuperar la institucionalización del estado es loable, pero resulta inservible si dentro de las instituciones que se pretende recuperar, se encuentran los mismos borregos que permitieron el abuso dictatorial de estas funciones.

No me gustó que en el discurso haya agradecido a varios de los mismos que anteriormente con su silencio cómplice permitían los excesos del autoritarismo, la prepotencia y el mal uso del poder proveniente de la dura dictadura disfrazada con ropaje democrático.

Este ha sido un año político para el mandatario.

Ya no es hora de hablar; es hora de actuar.

Debe remover a los funcionarios del gobierno anterior que aún pululan como buitres juradores de una nueva lealtad y que realmente son las gárgolas carroñeras del insepulto cadáver de lo que aún nos queda de la patria.

De nada sirve querer ser distintos haciendo lo mismo con los mismos.

La reactivación económica que posiblemente comenzará el próximo año, con las exoneraciones tributarias para los empresarios y la derogatoria gradual programada de algunas tasas arancelarias, son un claro mensaje de la muerte conceptual de los gobiernos izquierdosos del socialismo del siglo XXI.

En el mensaje a la nación han existido algunas posturas que nos dan tranquilidad.

La recuperación de la institucionalidad del estado, la lucha contra la corrupción y la defensa de la libertad de expresión, son las más importantes iniciativas del ejecutivo en este año de gobierno que pasó.

La instauración del diálogo como camino al pretendido consenso de la unidad nacional, es una de las distancias más radicales de este gobierno con el autoritarismo, abuso y la prepotencia del anterior.

En el mensaje que el presidente dará a la nación el próximo año, deberá informarnos el resultado de la ejecución de los compromisos adquiridos con el país en el informe de este año.

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El cuarto oscuro y las doscientas ratas


DON RATA

Existía una habitación gobernada por un administrador que era abusivo, prepotente y vanidoso.

Para ejercer su poder en el cuarto, llevó a doscientas ratas ladronas para que trabajaran con él.

El intolerante administrador controlaba totalmente a los roedores.

Lo hacía mediante el miedo, la prepotencia y sus gritos.

Eso sí; les permitía robar la cantidad de queso que ellas quisieran.

Se los consentía para que haciéndose gordas y millonarias, las roedoras le sean fieles y sumisas a todas sus imposiciones.

Se los permitía porque cuando ellas defendieran lo que habían robado, también lo defenderían a él.

Para mantenerlas abusivas, sobrevaloradas y leales a su causa, se aseguró de que estén protegidas de una ilimitada impunidad.

Para que se volvieran intocables, controló a todas las instituciones que debían controlar el trabajo de las ratas.

Estos organismos de supuesto control, estaban a cargo de los controladores gatos; que de paso también eran igualmente corruptos y ladrones.

Todo en la habitación era un sistema deshonesto que funcionaba mediante el abuso, robo y la corrupción.

Sin embargo un día, los habitantes del cuarto decidieron cambiar de administrador.

A diferencia del que era gritón y no escuchaba a nadie, el nuevo dialogaba, no gritaba y pregonaba a los cuatro vientos que no toleraría ningún robo de las ratas inmorales.

Una vez que tuvo el poder para controlar el cuarto, votó a las veinticinco más gordas y ladronzuelas ratas de todas las ratas que había.

Por fin parecía que en la habitación las cosas iban a cambiar.

El nuevo administrador del cuarto reveló que las ratas anteriores habían dejado vacía la mesa de los quesos y la misma no estaba servida.

Ni siquiera existía una cuajada; se habían robado todo.

No solo que ya no había nada de queso para robar, si no que el fondo quesero internacional que prestaba quesos, tampoco quería prestarle más queso al administrador de la habitación.

El nuevo administrador decía que haría una administración llena de honestidad y buenas intenciones.

La realidad era que había un nuevo administrador del cuarto, pero que se encontraba rodeado de las mismas ratas de siempre.

Así pasó el tiempo.

Cuando se dio cuenta había transcurrido un año en el manejo de la habitación.

Por eso ordenó al consejo nacional electoral de los supremos felinos, para que hagan un censo a todas las roedoras y así saber cuántas de ellas se encontraban empadronadas.

¡Casi se cae para atrás con los resultados!

Después de contar y recontar miles de veces a las ratas que ahora eran opulentas ratas, descubrió que había trescientas ratas millonarias en la misma habitación.

¡Había cien más que antes!

Después de haber votado a veinticinco como ejemplo de su transparencia, las ciento setenta y cinco que se habían quedado, se habían apareado y como consecuencia de ello se habían multiplicado.

Pero lo peor de todo era que las conocidas ratas que antes había, se habían hecho socias laborales de las cien nuevas ratas que el flamante administrador había llevado.

Ahora la habitación estaba llena de ratas que pertenecían al antiguo administrador, pero que le decían al nuevo administrador que eran sus ratas y también había nuevas ratas, que por si acaso el antiguo administrador regresaba, le jurarían por sus vidas que siempre habían sido sus ratas.

Más de lo mismo siempre es lo mismo.

Si quieres hacer cosas distintas con lo mismo, solo lograrás lo mismo.

Otra cosa es el actual gobierno


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Definitivamente estamos frente a un estilo diferente en la manera de gobernar.

En comparación con el anterior, el actual mandatario está dando muestras de que su sello personal es el que va a estar presente en la conducción del país.

Inclusive la esposa del actual gobernante, está participando activamente en las áreas en las que su presencia pueda serle útil a su esposo.

Se acaba de reunir con las esposas de los alcaldes y solo este hecho ya en sí mismo es una diferencia con la esposa del mandatario anterior.

No se trata de cuál es más buena o simpática, sino de cuál ayuda más a su esposo en la difícil tarea de gobernar.

Ya no existen sabatinas, viernecinas ni cualquier dieines.

Ahora en el país se respira una tregua de paz transitoria, que algunos escépticos dudan de que sea real y piensan que todo este clima de tranquilidad ciudadana, se trate de un engaño preconcebido.

Estas dudas son normales psicológicamente hablando.

Si fuimos acostumbrados a vivir sometidos a una confrontación permanente, en nuestro cerebro existe un reflejo condicionado que genera desconfianza a todas las actitudes que provengan de quién ejerza la primera autoridad.

Estábamos programados para diariamente coexistir con el abuso, los insultos y la prepotencia, por lo que para la aparente paz que disfruta por el silencio en el que ahora nos movemos, resulta que interiormente cada uno psicológicamente nos decimos; ahhhhh hay que ver cuánto dura esto, ahhhh a lo mejor todo pronto se acaba y volveremos a lo mismo.

Lenin Moreno está empeñado en generar un clima de estabilidad y diálogo con los diferentes sectores de la sociedad.

Para ello, las mesas de diálogo son un paso diferente que nunca se dio en el gobierno anterior.

Paradójicamente el principal desestabilizador del gobierno de Lenin Moreno es el ex presidente.

En la medida que el ausente pueda controlar el síndrome de abstinencia causado por su grave adicción al poder, el nuevo presidente podrá hacer más fácilmente las cosas a su manera y sobretodo sin interferencias en la toma de sus propias decisiones.

Debemos entender que la oposición a Lenin Moreno, no vendrá de la oposición.

Los principales opositores a su gestión, serán sus propios militantes de Alianza País.

Estos se han acostumbrado a imponerse con el poder que tenían, por lo que les será muy difícil aceptar los diálogos que sé tengan ahora con quienes según ellos, son los antipatrias causantes de todos los problemas de la república.

Que decir de quienes tienen ahora una gran opulencia económica, que fue lograda por el manejo del poder que les fue conferido.

Si Moreno públicamente se reúne con los directores de la prensa libre y privada del país y les pide que denuncien cualquier acto de corrupción que se cometa en su gobierno, entonces el principal enemigo de los que cometen esos actos es el mismo presidente.

Si antes podían robar y ahora no pueden, hay que estar contra quién se los impida.

Desde que comenzó este gobierno no se ha enjuiciado a nadie, ni se ha querido meter a ningún ciudadano preso por rascarse la cabeza mientras la comitiva presidencial pasa por las calles.

Ya no hay burlas, sarcasmos ni discursos peyorativos.

Ojalá que este cambio de estilo perdure.

Ojalá que los que se han beneficiado del poder durante diez años, comprendan que ahora se está tratando de ejercer el mismo poder pero de una manera diferente.

Todo este clima de tranquilidad será necesario en unos pocos meses, cuando la crisis económica no se la pueda ocultar más y tenga que estallar.

En ese entonces y solo entonces descubriremos la verdadera capacidad para gobernar del presidente.

Por razones de la urgente necesidad de transparencia, el juicio político al vicepresidente debería ser el mejor escenario para que si no ha hecho nada, desde este supremo foro pueda demostrar su honorabilidad, su inocencia y manos limpias.

El juicio político es eso, un juicio de carácter político.

No es un juicio penal.

Es una investigación pública de las responsabilidades políticas de cualquier funcionario en el ejercicio de la función que se le ha encomendado.

La culpabilidad o la inocencia del funcionario será decidida por la mayoría de votos de los asambleístas, pero quién en definitiva absolverá o condenará al enjuiciado, será la moralidad de todo el pueblo ecuatoriano.

 

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