Mi candidatura a la Vicepresidencia de la República


Estaba regresando en moto desde Salinas.

Había parado en la gasolinera de Progreso para tomar algo de líquido, cuando recibí una llamada por celular.

Era mi querido amigo el Pocho Harb, quién me decía que un grupo de personas estaban reunidos en el hotel Sheraton de Guayaquil.

Eran unos sesenta ecuatorianos que constituían el buró político que promocionaba la candidatura a la presidencia de la república de Luis Fernando Torres.

Estas personas por mayoría absoluta habían tomado la decisión de que yo sea el binomio de Luis Fernando, como candidato a la vice presidencia de la república.

La llamada del Pocho era para comunicarme la decisión y pedirme que aceptara la propuesta.

Le dije a mi amigo que estaba en moto por el carretero y que iría al hotel en media hora.

Cuando llegué, ya me esperaban.

Un sonoro e inmerecido aplauso fue el saludo de bienvenida de todos los presentes.

Me di muchos abrazos con cada uno de los que me vitoreaban.

Estaba honrado y emocionado por la propuesta que me hacía ese grupo de conciudadanos que pensaban que yo era una buena alternativa para captar junto a Luis Fernando las primeras magistraturas para gobernar el país.

Luego de los discursos de muchas personas que me ensalzaban inmerecidamente, cogí el micrófono y por convicción de lo que estaba haciendo; acepté.

Los días seguidos fueron de entrevistas a muchos medios de televisión, radio y prensa escrita.

Siendo identificado como fuerte opositor a uno de los candidatos con mayores posibilidades, la multitud de entrevistas alteraron la cotidiana vida que había llevado hasta ese entonces.

Los días se pasaban entre reuniones y planificaciones.

Por mi forma de ser yo estaba cargado de una energía incalculable que me impulsaba a vencer cualquier obstáculo por imposible que sea.

Luis Fernando Torres era un académico al que tenía en el mejor de los conceptos.

Me parecía un hombre serio con el que coincidíamos en muchas maneras de cómo se debería gobernar al Ecuador.

Bajo ningún concepto mi candidatura fue para figurar.

Realmente pensaba que esta me brindaba la posibilidad de servir socialmente de una manera más amplia de la que ya lo había hecho.

Yo concibo el uso del poder para servir.

El área social iba a ser manejada por mí. Como no soy corrupto ni permito la corrupción, lo que se me presentaba era la posibilidad de lograr el poder sin beneficiarme del poder.

El día de la inscripción de la candidatura me fui a Quito para hacerlo en el tribunal supremo electoral.

Previamente había una reunión con el buró nacional en el hotel Marriot.

Pero, había el antecedente de que a Jaime Nebot le habían suspendido su candidatura por Madera de Guerrero, porque los colores del movimiento coincidían con los de la bandera de Guayaquil. Por esa razón tuvo que inscribirse como candidato del partido social cristiano.

Por eso, aparte del movimiento Cambio que nos patrocinaba, pedí que la democracia popular nos coauspicie para evitar una situación similar.

Se necesitaban sesenta mil firmas para la inscripción de las candidaturas y se presentaron ciento veinte y tres mil firmas para hacerlo.

Incluso en el tribunal electoral, el presidente de la democracia cristiana fue el que dio el discurso de presentación de nuestra candidatura.

Luego vino el de Luis Fernando y por último el mío.

En el tribunal nos presentamos acompañados de unas tres mil personas.

El acto comenzó a las doce del día y terminó a la una de la tarde.

Una vez que salimos del lugar, fuimos a la sede de la democracia cristiana donde veinte minutos después nos comunicaron que la candidatura había sido negada, porque después de haber revisado ciento treinta dos mil firmas en veinte minutos, el setenta por ciento de las mismas eran falsas.

Habiendo supuesto que algo así podía suceder, se les envió en ese mismo instante la carta de auspicio de la candidatura por el partido demócrata cristiano.

Contestaron efectivamente que la carta existía pero que no valía, porque el auspicio de ese partido debía constar en el formulario de inscripción y no como una carta de auspicio.

Los días seguidos se hicieron uso de todos los recursos legales de los que se disponían. Impugnaciones, apelaciones y juicios internacionales en la corte de los derechos humanos de la OEA, fueron ejecutados.

La consigna era simple: a como dé lugar nuestra candidatura no podía ser inscrita.

Pasaron los días y vencido el tiempo de inscripciones, se nos dejó fuera de la contienda.

Todo estaba preestablecido para no permitir que nos inscribieran.

Así hubiéramos sido auspiciados por el mismo Papa, no nos dejarían participar.

Sin embargo; para mí la experiencia fue invalorable.

Saber que un grupo de ecuatorianos pensara que estaba capacitado para conducir el país, me llenaba de orgullo.

En lo familiar, nadie había logrado algo similar y porque no decirlo, me sentía contento de lo orgulloso que mi padre debía estar en el cielo por lo que me estaba sucediendo.

En lo personal, esto fue otra de las múltiples bendiciones con las que el creador me ha permitido  vivir una vida diferente a la mayoría de la gente.

En las cosas que me han pasado, que a nadie más le han pasado, están los designios de dios y sus propósitos divinos que cada cierto tiempo descubro.

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