La historia de Eddy Dunchim


Mi padre era un hombre muy tierno.

Siendo un ser humano extremadamente cariñoso; era sumamente sensible.

Nunca me retó y jamás me castigó físicamente.

Era un ángel cuyo rostro estaba pegado a una sonrisa y me hacía saber que me quería en cada momento de mi vida.

Me demostraba tanto cariño, que yo vivía convencido de ser su favorito, cosa que me imagino por su forma de ser, también le hacía sentir a mis hermanos.

Recuerdo que tenía como nueve años.

Siendo mi papá un hombre novelero y entusiasta, llegó a la casa a las cuatro de la tarde para llevarme al cine.

La función comenzaba a las seis y se llamaba el especial.

Nos fuimos al teatro Olmedo para ver una película que se titulaba la historia de Eddy Dunchim.

La misma era interpretada por Tyrone Power y Kim Novak.

Era la historia de un pianista entusiasta, carismático y poseedor de un don extraordinario para interpretar la música, que cuando tocaba el piano, hacía que toda la atención se centrara en la música que en ese momento interpretaba.

Este maravilloso pianista era muy pobre y llegaba a la ciudad de New York para conquistarla.

Toda la película gira en torno al Nocturno en sol mayor de Federico Chopin, que es una de las melodías que más ha impactado en la humanidad a través de todos los tiempos.

La película narra la trama de un hombre decidido y ambicioso pero pobre, que conoce a una mujer rica y muy hermosa de la cual se enamora.

Luego de que ella le consigue la oportunidad para que el toque en una orquesta, su talento y carisma hacen que triunfe.

Ella se embaraza de él y desgraciadamente se muere al nacer su hijo, por lo que él se retira como pianista, abandona New York y también a su hijo, para meterse en la marina porqué era época de guerra.

Después de varios años regresa a la ciudad y trata de conquistar en cariño de su hijo, quién era criado por una institutriz inglesa que se llamaba Chiquita.

Para no alargarles el cuento, se enamora de Chiquita; vuelve a quererse con el hijo, recupera su fama y cuando todo estaba marchando de forma maravillosa, descubre que tenía un año de vida por padecer un Cáncer terminal.

Para todo esto; su hijo también había heredado el don de tocar maravillosamente el piano y la película transcurre hasta que Eddy le dice a su hijo que lo va a volver a dejar porque se va a morir.

En la última escena los dos están tocando la melodía de Chopin, hasta que al final el niño se queda solo tocando el piano, porque su padre había muerto.

Fue tan impactante la película que me puse a llorar en él cine.

Trataba sin embargo que mi papi no me viera llorar, por esas estúpidas reglas de un machismo mal entendido, que obligaba en ese entonces a que los hombres jamás lloren.

Estaba yo tan compungido y avergonzado que no había caído en cuenta que a mi lado mi padre lloraba desconsoladamente y no solo que lo hacía, sino que sollozaba inconteniblemente.

Yo estaba preocupado de que no me viera llorar y sin embargo, el lloraba más desconsoladamente que yo.

Cuando regresamos a la casa, él tenía una inmensa radiola marca Phillips.

La prendió y se recostó en un sofá de la sala, mientras puso un disco de acetato donde tocaba un pianista masculino que era cubano y se llamaba Carmen Cavalaro.

Era el mismo pianista que tocaba en la película y el disco era de la música de la misma película.

Recuerdo que a partir de ese entonces le pedía todos los días a mi papa que me llevara al teatro para ver la misma película.

Para complacerme  lo hiso por cinco ocasiones más.

Siempre hacíamos lo mismo.

Íbamos al Olmedo, luego cuando llegábamos a la casa ponía el disco de Carmen Cavalaro y me quedaba dormido encima de su pecho hasta que me cargaba a mí cama, me arropaba y me quedaba dormido.

Hace cuatro meses conseguí en un Movie DVD la película de la historia de Eddy Dunchim.

La han mejorado y le han puesto unos colores espectaculares.

Emocionado por mi hallazgo; me la puse a ver.

Fue todo tan impactante y regresaron a mí memoria tantas sensaciones de las cosas llenas de amor que hice con mi padre, que me puse a llorar; no podía parar de hacerlo.

Lloraba y sollozaba; recordaba y recordaba.

En un momento mágico de mis recuerdos,  en mi memoria reviví los instantes que pasé en el cine para luego recordar cómo terminaba dormido sobre su pecho.

Por un momento en mi mente, volví a ser el niño que se protegía en los brazos de su amado padre.

Pensándolo bien; mi papi me dio todo.

Me regaló una maravillosa vida;  me otorgó una existencia cómoda y sin necesidades, pero por encima de todas las cosas que me obsequió; me bendijo con su infinito amor y con ese desprendimiento tan suyo de sus sentimientos; me hiso el niño más feliz que haya existido hasta hoy sobre la faz de la tierrra.

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1 comentario

  1. Un amigo invisible

     /  2 de marzo de 2014

    esta historia me hizo llorar tambien….. mi padre murio cuando yo tenia 2 años….no lo recuerdo… pero ahora soy papa de una niña de 10 años, cada dia me despierto con la consigna de ser el mejor papa del mundo y ser feliz

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