La soledad de mi lucha


Miguel Palacios

A través de la historia muchos seres humanos han tenido que luchar contra causas injustas.

Estos íconos nos han enseñado con su maravilloso ejemplo, que en el fondo toda lucha desigual siempre ha sido un enfrentamiento entre los que ostentan el poder y quienes no lo tienen.

Entre las características negativas de la raza humana, la vanidad ha sido uno de sus mayores defectos.

Todas las luchas desiguales que se han llevado a cabo desde David contra Goliat, nos muestran a un vanidoso que despreciaba a su adversario.

Siempre ha sido la desigual contienda entre un sobrevalorado de sí mismo, frente a su frágil y desposeído rival.

Cuando Goliat vio a David, estalló en carcajadas y se burló de él.

Era tal su Narcisa vanidad, que le profirió insultos y lo minimizó como un pobre cristiano con el que tenía que luchar.

Por el contrario David tenía miedo, pero su destino estaba ya marcado.

Enfrentó la lucha sabiendo que por la superioridad física de su oponente; tenía que perder.

David tuvo momentos de angustia y desolación.

Todos le gritaban vivas para que peleara con el invencible gigante, pero nadie le decía que lo acompañaría a pelear.

Hubo momentos en que David experimentó una inmensa soledad.

Escuchaba que todos lo apoyaban; pero en realidad nadie lo hacía.

Sintió que a nadie le importaba su próxima lucha.

Fue consciente de que las palmadas o las frases, eran  solo formas de expresión que se las llevaba el viento.

Solo le servían para entender que continuaba solo en la lucha contra quien nadie quería luchar.

Pero David tenía un arma oculta.

Esa fuerza secreta era Dios.

Su fe en el creador lo hiso más grande que el gigante y lo convirtió en un guerrero invencible.

En el momento del combate; David estaba acompañado de Dios.

El Creador era su fuerza; su grandeza.

Por eso ganó.

Esa fue la razón por la que en una pelea llevada a cabo en desigualdad de condiciones, pudo salir victorioso.

Mientras David tenía a Dios; Goliat solo se tenía a sí mismo.

Por eso David venció a Goliat.

Dios hiso la diferencia.

Con todas las distancias abismales que pudiera tener con estos personajes bíblicos, yo me he sentido así en estos últimos días.

En la desigual lucha que llevo contra Correa, he recibido un sin número de palmadas en mi hombro.

He escuchado muchas frases de apoyo para que siga luchando contra Correa.

Gente que no lo esperaba me ha brindado su cálida mano, mientras personas de las que estaba seguro que me apoyarían, se alejaron de mí lo más que pudieron.

Todos me dicen que luche contra Correa; nadie me dice que me acompañará a luchar contra Correa.

La ayuda que requiero no es verbal o afectiva.

Necesito recabar los recursos económicos para enfrentar a quien ilimitadamente si los tiene, a pesar de que los mismos nos pertenezcan a todos nosotros.

Sé que Dios me ayudará.

Mi fe en Dios hace que me vuelva invencible, a pesar de la desigual realidad.

Seguiré con la cabeza altiva; jamás claudicaré…

Igual que David; el creador está de mi parte.

Dios está siempre del lado de los abusados; jamás del lado de los abusivos.

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