Carta a mi hijo


Es increíble como ha pasado el tiempo…me pongo a pensar en el día de tu partida y me lastima tanto como si hubiera sucedido hoy.

Han pasado catorce años desde que te fuiste; pero tu presencia sigue en mi corazón como siempre.

Recuerdo tu estruendosa risa que con su prisa hacía reír a todo el que la escuchaba.

Era imposible permanecer triste a tú lado.

Me alegra cada vez que recuerdo tu sonrisa y esas cosas tan tuyas que te hacían único sobre la tierra.

Fuiste un hijo tan especial…tan querido…tan sentido.

Hasta hoy los guardianes de la urbanización donde vivías, se acuerdan como los saludabas cada vez que pasabas por la garita para llegar a tu casa.

Cuando veo alguna de tus cosas, cada cosa tuya hace que te extrañe más.

Tus zapatos, tus botas y tus fotos.

Nunca te lo alcancé a decir, pero me sentía orgulloso de ti cada vez que participabas en una competencia.

Fuiste mi requerido cómplice de muchas circunstancias.

Tuvimos grandes secretos que compartimos como amigos y más que eso… silenciosos secretos entre padre e hijo.

Cuando voy a visitarte cada semana; me acuesto sobre tu césped y en medio del silencio, te hablo, oro y lloro.

Mi constante pregunta es la de siempre: con urgente premura necesito saber si lo que hago por tus hijos es lo que quisieras que hiciera o también saber si estás contento con lo que he hecho.

A lo mejor en el silencio que obtengo como tú respuesta y la tranquilidad que me llevo al despedirme, encuentro tu asentimiento a lo que hago y la tranquilidad que buscaba viene acompañada de una franca risa mientras me imagino una de tus maravillosas sonrisas.

Dentro de lo limitado de mi entendimiento y lo equivocado que puede ser mi propósito, trato de hacer por tus hijos lo que tú también hubieras hecho por ellos.

Aunque sé que es imposible igualarte en este empeño, porque nadie nunca lo podrá; los acompaño, guío y trato de ser su más cercano amigo, por encima de cualquier cosa.

No sé qué pienses donde estás de todo esto, pero una de las razones más claras e importantes de mi propia existencia, la encuentro en lograr su felicidad.

Sí; eso es lo único importante… que sean felices, alegres y sobre todo que te recuerden y te amen cada día más.

Cada vez que puedo les hablo cosas maravillosas de ti.

Los hago muy felices cuando les cuento tus historias.

Con el tiempo se les han vuelto recuerdos maravillosos de cómo tú eras; pero eso sí, jamás estos recuerdos llenarán la hermosa vida que les hubieras dado si estuvieras a su lado.

Todos los días te veo mi hijito; cuando te encuentro en la mirada de tus chiquitos.

Muchas veces cuando los beso; me atrevo a hacerlo en tu nombre y con todo el amor que les tengo, trato de darles el mismo amor que tú también les hubieras dado.

Sé que los cuidas y me cuidas para que los cuide.

Estoy seguro de que los proteges.

Muchas cosas que suceden y nos resultan inexplicables, son logradas por ti para su bien.

A veces aparecen ideas nuevas que sin pensarlo se presentan o las situaciones difíciles que se arreglan, son situaciones posibles de vencer gracias a tu intervención.

Estas soluciones son generadas por el inconmensurable amor que tienes hacia los tuyos y constituyen la prueba más tangible de tú presencia.

Estas circunstancias constituyen la presencia viva del sentimiento de tú amor, en la vida de nosotros.

Tus hijos son alegres y felices; no lo dudes.

Sin embargo el día de hoy al levantarme, me he puesto a llorar por recordarte.

Imperiosamente necesito que donde quiera que te encuentres, sepas cuanto te extraño y lo orgulloso que me siento de ti.

Sé que estás en el cielo Ricardo Váscones Ponce.

También lo estás en la tierra.

Siempre estarás conmigo mientras yo viva y mientras esté vivo; tus hijos también te tendrán…

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2 comentarios

  1. Hermosa Carta Miguel, son tan claros los sentimientos que expresas y con tanto amor, es imposible no reaccionar y decirte que eres una persona especial , que dejas huella en todo lo que escribes. Tengo tambien mucho dolor de saber lo mucho que has sufrido, debe ser un dolor incomparable que solo puede llenar el amor a sus hijos, porque son la prolongación de él, Un saludo y un inmenso abrazo.

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