No elijamos a un político


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Los políticos han condicionado a nuestro cerebro para actuar por aquello que nos dicen.

Lo hacen a través de su discurso y la constante repetición de sus mentiras.

Son tan hábiles que lograron lo que ningún neurocirujano del mundo ha podido: Han logrado dividir el pensamiento de nuestro cerebro.

Han dividido lo indivisible y como buenos segregacionistas acérrimos, han seccionado como si fuera posible seccionar a la ideología, entre los que piensan con ideas de izquierda y los que piensan con ideas de derecha.

Resulta tan estúpida esta afirmación; como estúpidos son aquellos que lo creen.

No existen ideas en el pensamiento que sean de izquierda o derecha.

Existen retrógrados mentales que se cobijan para actuar en ideas de izquierda o de derecha.

Las ideas no son objetos medibles o concretos que se pueden sectorizar en direcciones.

El pensamiento del ciudadano del siglo XXI es universal.

El que quiere el cambio para todos; no puede ser un segregacionista que odia a los que no piensen como él.

En nuestro país los de derecha satanizan a los de izquierda y los de izquierda satanizan a los de derecha.

Somos tan ingenuos que no nos damos cuenta de que quiénes satanizan a los otros son los mismos que ideológicamente han estado en ambos bandos.

En el actual gobierno como en los anteriores, se encuentran enquistadas unas alimañas que antes juraban lealtad eterna a una determinada ideología y ahora agachan complacientemente su cabeza, con tal de seguir medrado del estado mientras disfrutan las prebendas del poder.

La revolución solo es una frase que se dice como resultado de un estudio de mercadeo.

Es un concepto fabricado por expertos en el manipuleo de la emotividad de la gente.

¿Qué revolución vivimos?

Todo lo que se ha hecho antes se ha hecho ahora y ha sido hecho por los mismos de siempre.

Abusos de poder, corrupción e impunidad, son el denominador común de todos los gobiernos.

Analizando históricamente los hechos, solo nos ha ido bien cuando fuimos gobernados por individuos que no fueron políticos.

La mayoría de los políticos son parásitos que viven del Estado.

Son personas cuyo dinero proviene de la transitoria función que desempeñan.

Utilizan su posición para hacer negocios mediante el poder que les da su cargo.

Al político no le conviene solucionar los problemas existentes.

Si estos se solucionaran, se acabaría la razón de su existencia.

Los políticos son necesarios mientras existan las necesidades.

Si en el país hubiera paz, trabajo, bienestar y justicia, no existirían los políticos.

En la actualidad doscientos políticos deciden lo que nos conviene a todos.

Argumentando que nos representan; nos dicen lo que debemos hacer y lo que no podemos hacer.

Solo nos permiten que hagamos lo que a ellos les conviene.

Hay cien individuos que legalizan todo lo que les imponen para que nos lo impongan.

Doscientas personas nos han quitado el poder.

Albert Einstein dijo que si para solucionar un problema aplicas una y otra vez la misma estrategia que no te soluciona el problema; el problema no se te solucionará si insistes en solucionarlo aplicando la misma estrategia.

Si pretendemos que haya un cambio en nuestra patria y elegimos a un político, lo que vamos a conseguir es que las cosas sigan igual que siempre.

No debemos elegir a un político.

Debemos elegir a un demócrata cuya ideología sea la de un libre pensador al que solo le interese pensar en el bienestar de la patria.

Alguien que no divida; que unifique.

Un individuo para el que la paz sea su objetivo primordial.

Un hombre honesto y transparente que no se enriquezca del estado y peor permita a sus subalternos hacerlo a nombre suyo.

Un hombre austero cuyo plan económico sea el de gastar menos de lo que se produzca.

Un comprometido con una agenda de consenso nacional que gobierne para todos.

Un librepensador para quién el pensamiento de quienes se le oponen, sea más importante que el de los que lo sigan.

Un individuo para el que la libertad de expresión sea la mayor expresión de su tolerancia democrática.

A fin de cuentas, esta libertad consiste en la facultad de poderle decirle a los demás lo que no les gusta oír.

Olvidémonos de los políticos.

Volvamos nuestra mirada a un ciudadano que solo se someta a su conciencia.

Un patriota comprometido con lo que nuestra nación lo comprometa.

Retomemos el poder.

Vivamos de una manera diferente a la que nos han obligado a vivir.

No nos callemos.

El alimento del tirano es el silencio del cobarde.

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