Análisis de las elecciones


Análisis del resultado de las últimas elecciones, sus causas y la manera de salir de la crisis.

Nuestro Futuro


MPF

Las situaciones que acontecen en la Patria no hay que tomarlas a la ligera.

No es cuestión de entender a la democracia como la pesada obligación de tener que concurrir a votar en las elecciones.

Peor se puede concebir el sufragio como un acto democrático, si la transparencia electoral está cuestionada por la parcialidad que ha tenido el organismo cada vez que ha condescendido a cualquier pedido o circunstancia que perjudique al Ejecutivo.

Es por eso que debemos tener conciencia de los acontecimientos políticos que están sucediendo.

Del pleno conocimiento de ellos y su análisis, vendrá la consecuencia y lo que sucederá en nuestro futuro.

Vivimos una crisis económica innegable.

Sería de retardados mentales aceptar que después de diez años de gobierno, aceptemos todavía que le echen la culpa de la misma a los que anteriormente nos gobernaron.

Por mal manejo, despilfarro, corrupción o lo que sea, la realidad es que la crisis se ha dado en esta última década y estamos padeciendo sus consecuencias.

Para algunos analistas, este gobierno recibió casi tres cientos mil millones de dólares en ingresos en este tiempo (Más que todos los anteriores gobiernos juntos).

La pregunta lógica será: ¿En dónde está tanto dinero?

No es razonable que 3000 millones de dólares que sería lo que le costaría al gobierno la reconstrucción de los bienes afectados por el terremoto, hagan patalear a un gobierno que recibió trescientos mil millones de dólares y debería tener un fondo de contingencia.

Una cifra tan insignificante como la que hay que gastar, para la gran cantidad de dinero que se recibió, hace un sinsentido el que nos carguen de impuestos para reconstruir lo que estaba asegurado.

Lo que quieren es endosarnos el déficit existente de la proforma presupuestaria general del estado.

No es creíble que se diga que todo está invertido en salud, educación y carreteras, si todo el sistema es deficitario y adolece de las mismas viejas fallas de siempre.

Lo segundo que debemos analizar es la crisis política que estamos viviendo.

Por un lado están los superhombres del gobierno. Solo ellos saben lo que necesitamos.

Es tal su vanidad y prepotencia, que se dan el lujo de cínicamente reírse en cualquier debate público con cualquiera que se les presente de la oposición.

Su arrogancia y desfachatez para satanizar o burlarse de quién no sea de su partido, los transforma en politicuchos detestables que imponen su voluntad por el transitorio poder que tienen.

Han engordado desaforadamente la institucionalidad del Estado.

Han legislado para sus propios intereses en todos los campos que se puedan imaginar.

No han tenido transparencia en el manejo de las finanzas públicas.

Han hecho un abuso sistemático de lo que la mayoría legislativa les ha permitido.

Han hecho lo que han querido.

Han aprobado todas las leyes que les ha convenido.

Han incrementado su poder burocrático como más lo han podido.

Por otro lado los llamados partidos políticos tradicionales solo son maquinarias electorales que se arman para una nueva posibilidad de captar el poder.

Lo que realmente mueve a los políticos es el dinero que se recibe por participar en la contienda electoral.

Es la oportunidad de pedir contribuciones a cambio de favorecer a aportantes cuando se obtenga el poder.

Son los tiempos falsos donde los enemigos son los mejores amigos.

Son los momentos de las fotos, donde las alianzas y comparsas, pueden más que todos los agravios anteriores.

Así vemos en la prensa a los archi enemigos abrasados.

Vemos a los Iscariotes como los patriotas más leales.

En una jungla donde todo es posible, todos se mezclan con todos.

Es por eso que no debemos caer en creer las mismas mentiras.

Conocemos muy bien a todos y sabemos que esperar de ellos.

Cada uno ya ha demostrado sus capacidades y sus limitaciones. La política es su forma de vida. Es su herramienta de trabajo. Es lo que les permite enriquecerse a través del manejo del poder. Ese es el meollo del asunto.

Los cargos de libre elección son mal pagados. Nadie que sea pensante se va a arriesgar a que lo desprestigien por tan poco sueldo. Si la gente se mete a sufrir en esta “sacrificada carrera”, es por los beneficios que se pueden obtener del uso, mal uso o el abuso del poder.

Albert Einstein dijo:

Si quieres resolver un problema y aplicas la misma solución que no te lo resuelve; mientras sigas aplicando la misma solución para resolverlo, no lo resolverás.

Es por eso que yo insisto en que ahora debemos buscar a un ciudadano que no sea político.

Un librepensador que solo esté sometido a su conciencia.

Alguien que no vea al uso del poder como una forma de asegurarse económicamente el resto de su vida.

Un ecuatoriano honesto y trasparente que piense en función de los demás.

Alguien que se reúna con los más capacitados para enfrentar la resucitación del insepulto cadáver de la Patria que nos han dejado.

Un patriota que nos señale sin pasiones y castigue a quienes depredaron del dinero de los ecuatorianos.

Alguien que sea como tú o como cualquiera que no sea un político…

No elijamos a un político


mp

Los políticos han condicionado a nuestro cerebro para actuar por aquello que nos dicen.

Lo hacen a través de su discurso y la constante repetición de sus mentiras.

Son tan hábiles que lograron lo que ningún neurocirujano del mundo ha podido: Han logrado dividir el pensamiento de nuestro cerebro.

Han dividido lo indivisible y como buenos segregacionistas acérrimos, han seccionado como si fuera posible seccionar a la ideología, entre los que piensan con ideas de izquierda y los que piensan con ideas de derecha.

Resulta tan estúpida esta afirmación; como estúpidos son aquellos que lo creen.

No existen ideas en el pensamiento que sean de izquierda o derecha.

Existen retrógrados mentales que se cobijan para actuar en ideas de izquierda o de derecha.

Las ideas no son objetos medibles o concretos que se pueden sectorizar en direcciones.

El pensamiento del ciudadano del siglo XXI es universal.

El que quiere el cambio para todos; no puede ser un segregacionista que odia a los que no piensen como él.

En nuestro país los de derecha satanizan a los de izquierda y los de izquierda satanizan a los de derecha.

Somos tan ingenuos que no nos damos cuenta de que quiénes satanizan a los otros son los mismos que ideológicamente han estado en ambos bandos.

En el actual gobierno como en los anteriores, se encuentran enquistadas unas alimañas que antes juraban lealtad eterna a una determinada ideología y ahora agachan complacientemente su cabeza, con tal de seguir medrado del estado mientras disfrutan las prebendas del poder.

La revolución solo es una frase que se dice como resultado de un estudio de mercadeo.

Es un concepto fabricado por expertos en el manipuleo de la emotividad de la gente.

¿Qué revolución vivimos?

Todo lo que se ha hecho antes se ha hecho ahora y ha sido hecho por los mismos de siempre.

Abusos de poder, corrupción e impunidad, son el denominador común de todos los gobiernos.

Analizando históricamente los hechos, solo nos ha ido bien cuando fuimos gobernados por individuos que no fueron políticos.

La mayoría de los políticos son parásitos que viven del Estado.

Son personas cuyo dinero proviene de la transitoria función que desempeñan.

Utilizan su posición para hacer negocios mediante el poder que les da su cargo.

Al político no le conviene solucionar los problemas existentes.

Si estos se solucionaran, se acabaría la razón de su existencia.

Los políticos son necesarios mientras existan las necesidades.

Si en el país hubiera paz, trabajo, bienestar y justicia, no existirían los políticos.

En la actualidad doscientos políticos deciden lo que nos conviene a todos.

Argumentando que nos representan; nos dicen lo que debemos hacer y lo que no podemos hacer.

Solo nos permiten que hagamos lo que a ellos les conviene.

Hay cien individuos que legalizan todo lo que les imponen para que nos lo impongan.

Doscientas personas nos han quitado el poder.

Albert Einstein dijo que si para solucionar un problema aplicas una y otra vez la misma estrategia que no te soluciona el problema; el problema no se te solucionará si insistes en solucionarlo aplicando la misma estrategia.

Si pretendemos que haya un cambio en nuestra patria y elegimos a un político, lo que vamos a conseguir es que las cosas sigan igual que siempre.

No debemos elegir a un político.

Debemos elegir a un demócrata cuya ideología sea la de un libre pensador al que solo le interese pensar en el bienestar de la patria.

Alguien que no divida; que unifique.

Un individuo para el que la paz sea su objetivo primordial.

Un hombre honesto y transparente que no se enriquezca del estado y peor permita a sus subalternos hacerlo a nombre suyo.

Un hombre austero cuyo plan económico sea el de gastar menos de lo que se produzca.

Un comprometido con una agenda de consenso nacional que gobierne para todos.

Un librepensador para quién el pensamiento de quienes se le oponen, sea más importante que el de los que lo sigan.

Un individuo para el que la libertad de expresión sea la mayor expresión de su tolerancia democrática.

A fin de cuentas, esta libertad consiste en la facultad de poderle decirle a los demás lo que no les gusta oír.

Olvidémonos de los políticos.

Volvamos nuestra mirada a un ciudadano que solo se someta a su conciencia.

Un patriota comprometido con lo que nuestra nación lo comprometa.

Retomemos el poder.

Vivamos de una manera diferente a la que nos han obligado a vivir.

No nos callemos.

El alimento del tirano es el silencio del cobarde.

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